No confíes en mi voz… a veces miente…Mírame a los ojos… ellos nunca engañan…Presta atención a mi letra… esa soy yo…
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas

CARPE DIEM

6 bombillas encendidas  


En un día negro como hoy creo que la mejor aportación que puedo hacer es remitiros a una entrada que escribí hace ya tiempo. Simplemente, no tengo palabras…, creo que entre todos ya lo hemos dicho todo…

Carmen

TIC TAC TIC TAC TIC TAC…

Enciende tu bombilla  


El reloj avanza. Nada ni nadie puede detenerlo, ahí está, sigue su curso, omnipotente y todopoderoso, indiferente a nuestra presencia. No nos ve, no nos oye, simplemente sigue corriendo sin mirar atrás, sin detenerse en el detalle.

Nosotros, unicelulares a su lado, intentamos hacer eterno un momento de alegría y de paz, o pretendemos que corra más rápido cuando es la oscuridad la que nos acompaña. .. Imposible. El reloj no entiende de emociones. Podemos administrarlo con precaución y algo de sentido común, pero jamás conseguiremos controlarlo. Él es nuestro dueño, nosotros siervos a su merced y a sus caprichos. Rey entre todos los reyes, no hay claudicación posible, simplemente, ahí está.

Parece simple, fácil de entender. Si no se puede luchar contra algo INEVITABLE, el camino más amable es el de ceder y cambiar de actitud. No se trata de temerlo, si no de respetarlo. Pero no…

Profesionales de la dejadez y el aplazamiento, tendemos a postergarlo todo para otro día. Lo que nos incomoda, por supuesto, ya lo haremos mañana. Tampoco nunca es buen momento para realizar nuestros pequeños sueños… ya llegarán. Dejamos para más adelante nuestro propio bienestar, nuestras ilusiones, y las llevamos a un segundo plano, a veces incluso las enterramos en el olvido. Mil excusas.

Si hablamos de relaciones, hay veces que somos capaces de perdernos en discusiones absurdas, nos dejamos arrastrar por el orgullo y la tensión. Hacemos de un ridículo grano de arena el mismísimo Aconcagua. No sabemos frenar y ceder, dejamos para otro día la reconciliación. No sabemos perdonar… no sabemos pedir perdón. .. Seguimos perdiendo el tiempo. El reloj corre…

Es curioso, vivimos tan pendientes del futuro que se nos olvida por completo vivir el día a día. No sabemos disfrutar y apreciar lo bueno que nos brinda el breve momento de realidad que es el presente. ¿Alguien puede asegurar que mañana va a seguir aquí? El futuro existe, por supuesto, porque el tiempo no va a parar, pero somos seres vivos, nuestra existencia tiene fecha de caducidad. Con nosotros, o sin nosotros, el reloj seguirá…

Sólo un ejemplo, sin utilizarme a mí (que podría). Conozco la historia de un pobre hombre, recién jubilado, en muy buena posición económica, que se ha pasado toda la vida ahorrando cantidades alarmantes de dinero para realizar un sueño, llevar a su mujer a conocer el mundo entero. Podrían haberlo hecho antes, pero querían estar libres de responsabilidades, sin sogas en el cuello. Toda la vida trabajando 25 horas al día para poder cumplir su ilusión… Suena bonito y romántico… Habría sido precioso... Ella ha muerto… La mirada de desesperación de él no se puede explicar con palabras… Su impotencia es infinita… Se plantó delante de mí y me dijo: “Carmen, por favor, vive tu vida YA”. La experiencia es un recuento de patadas; la sabiduría, aprender de ellas. Historias como estas hay demasiadas...

El futuro es irreal, abstracto, relativo. Nadie puede asegurar con certeza que nos deparan las horas venideras. Cambios inesperados, no necesariamente a voluntad. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… No digo que vivamos en un continuo derroche, no hay que ser alarmistas ni radicales, pero si creo que es necesario aprovechar cualquier ratito de felicidad que nos depare la vida e intentar cumplir nuestras ilusiones en el presente. No hace falta ansiar y estar pendientes continuamente de grandes metas, está muy bien tener ambición, pero no vivir solo por y para ella. Creo que es mucho más sencillo, solo debemos dejarnos llevar. El mañana llegará… o no. Callar nuestros sentimientos es improductivo y agonizante. Zancadillearnos nuestros propios pasos, absurdo. Es mejor tomar consciencia de lo que pasa ahora y ya, y actuar en consecuencia. Vamos a quedarnos con lo bueno y dejemos atrás lo que nos hace daño. Sólo es cuestión de actitud.

Es absurdo. No hay ningún motivo para desaprovechar ni un solo segundo del que nos corresponde vivir.


… ¿y si mañana no estamos?... ¿y si mañana no están?...


Os lo digo a vosotros… me lo digo a mí



CARPE DIEM


Carmen

De pps y mensajes cadena

2 bombillas encendidas  

No se a vosotros, pero si a mí hay algo que me repatea es abrir mi correo electrónico y encontrármelo lleno de pps de esos que, si no los reenvías, o estás destinada a cien años de crueldad y catastrofismos, o eres una pésima amiga, o simplemente no eres más que un bicho cruel, inhumano por excelencia. Haberlos hailos, y yo los recibo en cantidades industriales. Y mira que tengo dicho que a mí ese tipo de mensajes no me van y que paso de cadenas, pero nada… que no hay forma de acabar con este puñetero correo basura, aún conociendo todos que la inmensa mayoría de ellos están plagaditos de virus y malditos spywar.
No creo en fatalidades ni en supersticiones. Pienso que cuando un amigo SABE que le quieres no es necesario decirle todos los días lo importante y lo grande que es para ti. De inhumana tengo entre poquito y nada (piscis hasta la médula por más que lo intente ignorar y luche contra ello, ya me gustaría a mí ser un poquito más impermeable hacia las desgracias ajenas).
Tengo dos amigos que, solo de verlos en mi correo, depende del título del mensaje, los descarto y los elimino sin siquiera tomarme la molestia de abrirlo por purita curiosidad. Y los quiero, los quiero mucho, eso es indudable, pero no me van a arrastrar con ese vicio suyo de reenviar mensajes de santos protectores, oráculos certeros, amistades verdaderas y de pobre gente (sobre todo niños, que dan mucho juego y mucho morbo), a los que les puedes salvar la vida si reenvías el pps en cuestión y lo propagas por todo el mundo. No seré yo. Hay veces que sí que reenvío alguno, (uno de cada cienmil), porque realmente me gusta lo que dice, pero lo hago siempre borrando la lista de contactos anteriores y ocultando a los que se lo mando (opción de envío CCOO). También explico que lo envío porque me gusta el contenido, no porque pretendo que sea reenviado.
La cosa es que ayer mismo recibí uno de ellos que me dejó noqueada y bastante jodida. Me lo mandó una muy buena amiga que no tiene costumbre de dedicarse a propagar este tipo de basura, así es que lo leí y dudé en qué debía hacer luego. Ingrid Betancourt, política colombiana secuestrada en 2002 por la guerrilla de las FARC, actualmente en un estado de salud bastante crítico. Esta mujer existe, ya he hecho yo por corroborar los datos del pps y asegurarme que no era otro burdo engaño más. Lo que se pide es su liberación para que pueda tener una muerte digna, rodeada de los suyos, de sus hijos (soy mamá). Aquí llega el dilema, qué hago, lo mando o no lo mando. Si lo reenvío hay una remotisisima posibilidad de que pueda poner mi granito de arena para salvar a esta mujer luchadora y solidaria de una muerte en soledad e injusta. Pero también puede que esto no sea más que volver a abrirle las puertas a tantas empresas que se aprovechan de nuestros sentimientos para bombardearnos con su publicidad indeseada, y permitirles con ello que allanen nuestra intimidad y puedan acceder a nuestros datos personales (la mayoría de ellos sin la más mínima valía comercial). ¿Veis porqué no soporto este tipo de mensajes?
El resultado final es que lo voy a reenviar porque me puede el corazón y me falta la osadía. Y lo reenvío sabiendo que en el camino se quedó otra pobre gente a la que preferí ignorar, segura de que eran historias ficticias o contadas sin permiso para aumentar el gran negocio del puto pps.
Lo reenvío con dudas, lo reenvío por si acaso, pero he de advertir que, el siguiente, que lo habrá, no tengo intención de abrirlo, y que Dios me perdone, pero no seré yo la que enriquezca a unos mal nacidos a costa de la desgracia humana, que la hay, y mucha.
Carmen

Cien gatos (o Mil Excusas y pico)

Enciende tu bombilla  


(Desconozco el autor de la foto, simplemente la robé)

Qué se puede hacer cuando te controla un trauma de la infancia que no te permite elegir al hombre que tienes a tu lado. Qué se puede hacer cuando eres incapaz de aprender y darte cuenta de que llevas toda la vida equivocándote en amores y pasiones. Qué se puede hacer cuando tu miedo a volver a meter la pata te bloquea y te convierte en un ser hostil que vive en continua alerta. Esa maldita piedra que por más patadas que le de siempre vuelve a aparecer.
Soledad.
Mi vida amorosa siempre ha sido un jodido desastre. Recoge perros llegaron a llamarme, matrona de los casos imposibles los más amables... espantahombres por definición propia en la actualidad.
Hace tanto que estoy sola que yo lo llamo comodidad. En realidad sé que lo mío no es más que pánico autodestructivo. Fobia que me impide mantener una relación afectiva minimamente aceptable. Sí, lo sé, así es. El resultado es que me he rodeado de un bonito escudo de kryptonita para que ya nadie más, jamás en la vida, pueda intentar siquiera hacerme un poquito de daño. Ya no hay cabida en mí para un intento de acercamiento, ni siquiera para un te invito al cine y luego cada uno a su casita. Que va, para nada, no doy opción, simplemente no lo permito. Dejo ver mi armadura y acaban dando la vuelta para no seguir perdiendo el tiempo con la mujer de hielo, esa que los congela con una simple mirada. Encantadora que es una.
Mujer de las mil excusas que soy, alego que mi padre es mayor y me necesita, que mi hija es muy niña todavía y requiere de todo mi tiempo. Digo que no me importa estar sola, que incluso lo prefiero. Que es imposible que nadie se fije en mí porque ni soy guapa, ni tengo un cuerpo estupendo y encima soy mayor. Que vestir santos no debe ser tan horrible y que vivir con cien gatos debe hacerte sentirte bastante acompañada… Mil excusas y pico, las que sean necesarias, para no tener que afrontar una situación de desamparo emocional voluntario y para no tener que romper a hachazos limpios ese maldito escudo que forjé con tanto empeño y dedicación.
Y así me va.
Peripatética como nadie, permitidme que me insulte que me hace falta.
A quién le quiero hacer yo creer que no necesito a nadie que camine cerquita de mí, que me acompañe en días de sol y en días de sombra. A quién quiero convencer de que yo no preciso de palabras de aliento ni de cariño. A quién intento engañar diciendo que no me faltan ni abrazos ni caricias ni besos. Si es que no me lo creo ni yo.
Hace algún tiempo, después de una relación casi surrealista que me dejó bastante perjudicada, leí un libro de Silvia Salinas, “Todo (no) terminó”. Francamente bueno. Durante un breve espacio de tiempo mis ideas se aclararon y mi corazón se calmó. Volví a respirar. Habla sobre el periodo de duelo inevitable que hay después de una ruptura. Sobre el perdón, hacia tu ex y hacia ti mismo. Explica eso que siempre olvidamos, que en una pareja hay dos y la culpa está repartida. (“Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo” Shakira). Habla sobre la aceptación y el respeto. Sobre el periodo que debes pasar a solas para poder asimilar todo lo que te ha sucedido y aprender de ello. Habla sobre las puertas que debes cerrar para poder abrir otras de nuevo, esta vez libre de rencores, de fantasmas, de frustraciones… Yo creo que mejor me lo vuelvo a leer…
Si mi máximo problema es que no sé elegir al hombre que se supone que está conmigo, quizás es que debo encontrar y arreglar algún tipo de cable chamuscado en mi cabeza. El amor existe, lo sé, lo veo todos los días. Sé que puedo vivir sola, no me voy a morir por ello, pero es que sería tan bonito encontrar un compañero de viaje… y si es eterno… pues mejor.
No quiero vivir con cien gatos

Sé que últimamente estoy de capa caída, que estoy algo así como diez metros bajo el suelo, pero es que me alivia hablar de mis temores, de mis nostalgias y de mis penas, me permite romper mejor mis ladrillos. Gracias por seguir conmigo

(Cualquier día de éstos olvido mi nombre y empiezo a firmar como Bridget Jones)




Carmen

Miedo

Enciende tu bombilla  


Recupero este texto de mi anterior blog, y lo hago porque lo leo y me reafirmo en él... al menos hoy por hoy...



Hay quien dice (es una opinión muy extendida) que este mundo se ha hecho para los valientes.
Hay quien dice (con la misma mayoría de criterio) que no hay triunfo si hay cobardía.
Hay quien dice (vuelvo a reafirmarme) que el temor bloquea y borra el camino a seguir.
Yo, con mi más que humilde opinión, considero que el miedo es un arma de una valía incalculable que debemos utilizar en pos de nuestra evolución, de nuestro desarrollo, de nuestra madurez. Ignorarlo, para mí, es una postura imprudente y temeraria, irresponsable y fantasiosa.
El miedo, y el dolor, están con nosotros por algo, tienen su razón de ser, su sentido, su porqué. Son alertas que afortunadamente poseemos para avisarnos que debemos ir con cuidado, que debemos ir más despacio, o que incluso debemos frenar y dar marcha atrás. Pueden bloquearnos e impedir que seamos capaces de actuar o de tomar decisiones, es cierto. Pueden hacernos tanto daño como les permitamos si no sabemos utilizarlos correctamente. Canaliza. Relativiza.
En el mundo animal por ejemplo (y yo considero que las personas somos animales y nos guiamos por sus mismos instintos), el temor es estrictamente necesario para sobrevivir. Es tan sencillo como que si no temen, mueren.
Opino, entonces, que si nos avergonzamos de nuestros miedos y no los expresamos libremente no podemos superarlos. No olvidemos que un miedo mal escuchado puede convertirse en fobia, y eso SÍ que es peligroso, muy peligroso.
¿Cómo se puede relativizar el temor? Hablando de él. Es curioso como todo pierde fuerza cuando se le pone un nombre, como cualquier idea negativa ya no lo es tanto si la puedes expresar libremente, sin interrupción. Cómo el mero hecho de hablar de lo que te preocupa hace que te liberes y que no sea tan grave. Es lo que tiene la palabra.
Miedos fundados, miedos irracionales, el mundo está lleno de ellos, hay tantos y tantos que es imposible enumerarlos, no sé, ¿cuantas personas habitan actualmente este planeta?, pues multiplica por dos o por tres.
Para mí, de todos ellos, hay uno que en concreto es especialmente peligroso e ignorado, y que, siempre hablo desde mi opinión, es uno de los mayores fundadores del problema de la humanidad: LA COMUNICACIÓN.
No sabemos hablar, nos da pánico expresar nuestras ideas, tenemos miedo de que si decimos lo que pensamos, lo que sentimos, alguien no esté de acuerdo con nosotros y nos critique o nos haga daño. Por eso nos bloqueamos y, simplemente, nos quedamos callados y nos atormentamos con nuestra cruz interna. Siempre, y digo SIEMPRE alguien va a estar en desacuerdo con nosotros. Siempre, repito SIEMPRE, alguien nos va a hacer daño, de forma voluntaria o sin la más mínima intención, pero nos lo hará. Es literalmente imposible conseguir la aprobación, el consentimiento y el respeto de todo aquel que esté cerca de nosotros. Y es imposible porque ni siquiera nosotros mismos somos capaces de vivir en permanente acuerdo y simpatía con nuestro propio pensar y nuestro inevitable sentir. La verdad universal no existe, fue un invento de alguien que quiso imponer su criterio, pero se equivocó, siempre hay excepciones.
Yo misma estoy aquí, creando un blog, impulsada por mi cobardía a expresarme y mostrarme tal y como soy cara a cara con cualquiera de vosotros. Todos los que me conocéis sabéis que la voz nunca fue mi fuerte, en una conversación me resulta muy complicado poner en orden mis ideas, o mis sentimientos, y expresarlos con claridad. Siempre me expresé mejor escribiendo. Por eso la existencia de este blog. ¿Acaso habéis reparado en lo que escribí debajo del título? Soy cobarde, sí, pero no me callo, me expreso, a mi manera, pero lo hago.
¿Por qué no asumimos nuestro miedo y nos enfrentamos a él? Vamos a hablar entonces, vamos a escucharnos. Cuéntame lo que te pasa y encontraremos la solución. Déjame que te explique mis males y veremos juntos como no son tan horribles. Escuchemos nuestros temores y hablemos de ellos…quizá así surja la solución.
El miedo no es malo, solo es una señal, vamos a hacerle caso. No porque asumamos nuestro miedo vamos a fracasar. Hasta los más valientes temen, y probablemente sea eso lo que les lleva a la victoria.


Carmen

Mis demonios


El resumen de una vida está construido con pequeños cachitos de gloria, momentos fugaces de felicidad; esos ratos, cortos pero inmortales, en los cuales tu mirada brilla con una luz que el mismo Sol envidia y quiere para él. La vida es la suma de ratitos, al menos es lo que dicen los entendidos; expertos en utopías y fervientes creyentes en la bondad humana.
Yo misma, adicta en un pasado no muy lejano a los libros de autoayuda, es lo que creo (o lo que quiero creer).
Llevo ya tiempo intentando construirle a mi vida unos cimientos sólidos de sonrisas y emociones positivas… digo intentando… no lo consigo. Y no lo logro porque entre mis miserias está esa puñetera capacidad innata de verlo todo de color negro azabache, soy casi incapaz de ver la mitad medio llena del famoso vaso de las narices. Me esfuerzo, y aún así no lo consigo, quizás es que no le pongo suficiente empeño, quizás no supe leer entre líneas en tantas noches de lectura desesperada.
La cosa es que me he comprado una balanza. Cojo todos los momentos de mi vida, los buenos y los malos, y los intento medir a ver hacia donde se inclina el peso en cuestión. Resultado: o no sé valorar todo lo bueno que tengo (que es mucho, a eso llego), o realmente es que mi vida es una porquería y por más luz que me traiga el sol, siempre estaré rodeada de nubes negras y sogas en el cuello. Evidentemente, descarto el victimismo y me quedo con mi incapacidad de agradecimiento.
Tópico pero cierto, quién me va a querer si yo misma no me caigo bien. Quién me va a dar un voto de confianza si soy yo la que tiro para atrás mis proyectos antes incluso de empezarlos.
Y yo quiero cambiar, y sé que puedo cambiar, pero es que muy cómodo quedarme como estoy y no hacer absolutamente nada por darle calidad a mi existencia. Es mucho más fácil y menos engorroso acostarme a esperar un nuevo día que plantarme cara a mi misma y decir BASTA, DESPIERTA, LUCHA.
Y que más da, si total, yo soy así. Imán de oscuridad, ahuyentadora de triunfos, cobarde por naturaleza y transgresora de mi propia dignidad.
Debilidad. Ceguera. Inseguridad. Vagueza. Conformismo. Negación. Personalidad múltiple. Autodestrucción.
Estos son mis demonios. No hay falsa humildad. Dejo atrás hoy mis virtudes. Quiero hablar de mis defectos y darles nombre, puede que así ya sepa como luchar contra ellos.

Un ladrillito menos.



Carmen