Mis manos empiezan a temblar, el sudor se adueña de mi cuerpo y mis orejas se ponen de un color rojo fuego imposible de disimular. Se me quiebra la voz, me quedo muda, mi capacidad de reacción huye despavorida y el bloqueo se adueña de mí. Me siento chiquitita chiquitita y busco desesperadamente una piedra donde esconderme, o un agujero donde meter la cabeza. Quizás, si me esfuerzo, la tierra se abrirá por compasión y se me comerá hasta hacerme desaparecer…
Él ha vuelto… Todo sigue igual… No sabe que existo, no sabe qué siento, no sabe nada de nada, no lo sabe porque mi miedo no me permite dejarle que me vea.
Sigo siendo la gran dama blanca, la reina del hielo… Saco mis dientes, afilo mis uñas y me pongo en guardia. Me cargo de un zarpazo a las quince mil mariposas que me vuelan, yo no les pedí que volvieran, son unas insensatas y unas provocadoras. Consigo vencer a la debilidad, nadie volverá a hacerme daño, soy imposible, inalcanzable………… y así me va
Aquí estoy yo, aullándole a la Luna… otra vez
Carmen



