No confíes en mi voz… a veces miente…Mírame a los ojos… ellos nunca engañan…Presta atención a mi letra… esa soy yo…
Mostrando entradas con la etiqueta Destrozando ladrillos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Destrozando ladrillos. Mostrar todas las entradas

Cordero con piel de lobo

4 bombillas encendidas  


En lo que llevo de vida he dicho mil tonterías (bueno, mas bien cien mil) y he hecho otras tantas (vamos, de nuevo cien mil). Últimamente uno de mis hobbies preferidos es descubrir si mi paso por la vida y el recuento de las patadas recibidas me ha servido para aprender y madurar o si me estoy limitando a poner la otra mejilla y dejar que me sigan abofeteando sin hacer nada al respecto. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de hostias me las meto yo solita me parece interesante sentarme y recapacitar un poco, y en ello estoy.

Mi vida, a día de hoy, parece más el guión de una peli de Almodóvar, que la de una respetable madre de 35 años que debería tener los pies más que asfaltados a la tierra. Surrealismo lo mío, he de reconocerlo.

El caminito de rosas ese yo no lo encuentro, eso o que me gustan demasiado las zarzas y los puercoespines. No, my life fácil fácil, lo que se dice fácil, mucho no ha sido, ni lo sigue siendo. Soy un puñetero desastre, caótica, desordenada y algo neurótica. Mi mente está desaliñada y muy, pero que muy mal organizada. Siempre me dejo llevar demasiado por mis sentimientos y por mis impulsos y la verdad es que no me da demasiado buen resultado.

Avergonzarme me avergüenzo de infinidad de cosas y, lo cierto es que, si miro hacia atrás, hay demasiado de lo que no me siento precisamente orgullosa. ¿Arrepentida?, bueno, creo que de lo único de lo que debo hacerlo es de no haber sabido aprender antes y de haber cometido una y otra vez los mismos errores, incluso de seguir repitiéndolos. Patadas nos dan a todos, eso está clarísimo, pero envidio a esas personas iluminadas que son capaces de rectificar a la primera y poner fin a lo salvaje a una situación-sentimiento-pensamiento que no hace más que traer mierda a su existencia. Yo no soy así, soy muchísimo más vulnerable y cobarde que todo eso. Busco el camino fácil, el de la costumbre y el conformismo, el de “bueno, qué le vamos a hacer si soy así de patética”. Creo que prefiero bloquearme y estancarme antes de dar un paso hacia delante que quizás me ayudara a encontrar un sendero más amable.

En resumidas cuentas, ¿he aprendido algo?: SÍ, por supuesto que sí. El pasado ya no lo puedo cambiar, y ahí quedará en mi conciencia para el resto de mis días, pero creo que, poquito a poco, voy abriéndome y dulcificándome (que falta me hacía). Mis índices de hostilidad habían sobrepasado ya fronteras y mi insociabilidad ya era indefendible. He hecho mucho daño en mi vida (sin maldad y sin pretenderlo, eso lo puedo asegurar), soy consciente de ello y a eso sí que le estoy poniendo solución. A la persona a la que más daño he hecho y a la que más he destrozado ha sido a mí misma y ya me he cansado de flagelarme. Es imposible querer a quien tienes al lado si eres incapaz de sentir el más mínimo aprecio por ti misma. Mil veces me han llamado amargada y me dolía mucho… pero era cierto. Ayer mismo, hablando con una amiga, me di cuenta de cuánto había cambiado, afortunadamente para bien. Siempre he estado “sola” porque he querido, porque me lo he buscado. Nunca me he sentido merecedora del cariño ajeno, y muchísimo menos de su respeto. Afortunadamente en la actualidad me rodeo de personas positivas y llenas de luz que, por increíble que parezca, siempre han creído en mí y han sabido ver y diferenciar a esa Carmen que permanecía asustada y temblorosa en la sombra. Esa Carmen que, aunque yo misma no fuera capaz de aceptar, siempre ha existido y de la que me siento orgullosa porque me hace sentirme llena. Un cordero con piel de lobo (como siempre al revés que todo el mundo, lo hago por purito vicio). He aprendido a dejarme querer, a recibir palabras de cariño y abrazos sinceros. Ahora sé escucharme, soy un pelín más permisiva conmigo misma. Me he dado cuenta de que sé sonreír…

Problemas sigo teniendo cien mil quinientos (insisto, como todo el mundo), y todavía me queda un duro trabajo para luchar contra ellos. Sin embargo hoy voy a aceptar esa rosa que me regalo a mi misma. Estoy cambiando, por fin empiezo a aprender a quererme, aceptarme y respetarme. Media batalla ganada. Empiezo a abrir puertas a patadas. Destrozo ladrillos. Mi escudo se va derritiendo. Respiro.
¡¡SIGO VIVA!!
Carmen

Love song for a vampire

8 bombillas encendidas  





El otro día estuve leyendo la última carta de amor que escribí. Última carta a mi último gran amor… quizás el único. Última carta, carta de despedida. Carta de “Adiós cielo, te quiero, te amo, pero vete, déjame irme”



Dicen que con la lejanía, con el correr del tiempo, todo se ve distinto, los sentimientos cambian, las cicatrices sanan, el dolor remite… Eso dicen, y es cierto. Todo cambia, la perspectiva ya no es la misma, el sentir se transforma… Ya no hay odio, ni rencor, ni impotencia, ni pesadez, ni incomprensión… Eso dicen, y es cierto.



La cosa es que me resultó fácil encontrarla en el desorden de mis documentos, su título no daba lugar a la duda, la guardé como “Love song for a vampire” (con todo mi cariño, aunque resulte difícil comprenderlo)



El amor es ciego, no entiende de razones ni de ironías, no sabe de patadas ni tampoco de lo que es un engaño ni un espejismo. El amor es químico, no se rige por leyes certeras ni universales. No te pide llegar, simplemente llega.



Fue una relación traumática, desgarradora, casi me desangró. Una de esas experiencias vitales que te tocan vivir y que, o te matan, o te hacen más fuerte. Yo sobreviví, boqueando y al borde de la locura, pero sobreviví… y aprendí… No aprendí a saber lo que quiero, pero sí a saber lo que no quiero y lo que no me merezco, y para mí eso ya es una gran lección. Y por eso no tengo más que sentirme agradecida hacia aquel hombre al que le permití que casi acabara conmigo y al que le consentí dejar mi autoestima en números rojos.



He de reconocer que estoy en un momento bastante sensible de mi vida. Las mariposas aquellas a las que les prohibí regresar han vuelto, y esta vez vienen con refuerzos para poder destruir el gran muro de hielo en el que me he protegido hasta hace bien poco. Son muchas y vienen con ganas de guerra y fuego. He intentado ahuyentarlas con fuerza, pero nada, que aquí se quedan, revoloteándome y trastornándome hasta una locura que solo puedo calificar como dulce (muy a mi pesar, he de repetir)



La cosa es que, intentando noquear a mi pánico, busqué la carta y la leí… Me volví a emocionar, volví a llorar, volví a sentir, volví a añorar… y volví a sonreír. Como ya dije antes todo se ha transformado y ya no es lo mismo, pero el cariño perdura, de otra forma, pero sigue ahí. Cómo dejar de querer a una persona que tanto me ha dado, como olvidar a aquel hombre que me descubrió el amor con todas sus consecuencias. Cómo ignorar a quién me enseñó que el Amor es respeto y aceptación. Cómo obviar a quién siguió a mi lado a pesar de mis miserias y mis extravagancias. Cómo exiliar al olvido a aquel ser imperfecto al que adoraba. Cómo, no seré yo.



Promesas a saco roto, ilusiones infundadas, esperanza surrealista. Sí, todo esto es cierto, pero en la lejanía, con lo que me quedo, es con aquellos benditos momentos de luz que compartió conmigo. Ya no hay cabida para explicaciones ni juicios. Me quedo con lo que me enseñó, que fue mucho, y con lo bueno, que fue muy grande. Porque si no, no habría existido ni motivo ni razón, porque me niego a pensar que tiré por la borda dos años de mi vida, porqué lo que sentí por él fue puro y real, porqué mi lucha sangrienta mereció la pena a pesar de todo, porqué me enseñó a quererme, y respetarme, y aceptarme. Por eso le doy las gracias, siempre tendrá una inmensa habitación reservada a perpetuidad en un rinconcito de mi alma, y así quiero que siga siendo. Los sentimientos cambian, mudan, pero no se olvidan si han tenido unos cimientos reales y fuertes. No volvería con él, jamás volvería con él. Ya no es amor, pero sí cariño. Las lágrimas se convirtieron en sonrisas tiernas. Esto es lo bueno del correr de los años. Luché contra el dolor... Y VENCÍ




Ya sé lo que no quiero, y ahora, sencillamente, quiero volver a SENTIR





Para aquellos que no lo sepáis “Love song for a vampire” es una canción de Annie Lenox, tema principal de, para mí, una gran película de Amor; Drácula (de Bram Stoker, 1992). Por supuesto, está en mi playlist


Carmen

CUESTIÓN DE ACTITUD

1 bombilla encendida  


Hace ya algún tiempo un amigo me regaló una camiseta en rebajas. La prenda en cuestión era muy sencilla. Blanca, manga china, muy entallada y a la altura del pecho una inscripción grande en letras negras que decía “questão de atitude”. He de deciros que fue un detalle, por supuesto, pero me quedé un poco sorprendida porque, ni estoy acostumbrada a recibir regalos, ni tampoco soy muy dada a recibirlos. Reconozco ser un poco rarita para ciertas cosas, prefiero un beso, un abrazo y una sonrisa sincera a un ramo con una docena de rosas. Pero bueno, que fue un gesto bonito porque sí, no había razón, ni motivo, ni fecha señalada, lo hizo porque simplemente le dio la gana y así le nació (eso es en realidad lo que más valoro).

Si he dejado caer que me la compró en rebajas no ha sido por despiste, ha sido completamente intencionado, si él supiera lo que me marcaron las letras de esa “baratija” no daría crédito.

Soy negativa por costumbre. En una entrada anterior ya hablé sobre ese maldito vaso que siempre tiendo a verlo medio vacío. Intento cambiarlo, pero reconozco que me cuesta. Lo consigo por momentos, pero vuelvo al pesimismo y a la oscuridad con facilidad y con velocidad ultrasónica. Hay veces, muchas, que necesito que alguien o algo me pegue un toque, me despierte, me abra los ojos y me diga:”Eh boba, que así no vas a ninguna parte”. Eso fue lo que hizo esa camiseta conmigo.

Cuestión de actitud. Pues sí, para que andarme con tonterías. Mi vida cambiaría radicalmente si me aplicara el cuento y empezara a ver y a vivir las cosas de una forma diferente. Si es que al final lo que cuenta no son las experiencias ni los aprendizajes teóricos, si no lo que haces con ellos. Que es que yo la teoría me la sé, toda, el problema es que no practico con ella, no al menos de forma constante.

La cosa es que cuando tengo un mal momento y me dejo llevar por una negatividad cegadora y patética pienso en esa frase. La tengo presente y no la olvido. A veces me hundo, con más facilidad que la mayoría de gente, pero siempre acabo levantándome y saliendo del pozo, y entonces la recuerdo, y hasta donde puedo la practico. Que las cosas poquito a poco y sin prisa, que todo tiene su proceso y su evolución, que yo sé que lo conseguiré.

Creo en lo que algunos llaman señales, solo que yo los llamo ángeles (aunque no necesariamente tienen que tener forma humana). Aquella camiseta fue el ángel que necesitaba en aquellos momentos y, hoy por hoy, sigue siendo fuente de mi superación.


Cuando estoy jodida y me tranquilizo me digo: “Solo es cuestión de actitud”


Carmen

Mis demonios


El resumen de una vida está construido con pequeños cachitos de gloria, momentos fugaces de felicidad; esos ratos, cortos pero inmortales, en los cuales tu mirada brilla con una luz que el mismo Sol envidia y quiere para él. La vida es la suma de ratitos, al menos es lo que dicen los entendidos; expertos en utopías y fervientes creyentes en la bondad humana.
Yo misma, adicta en un pasado no muy lejano a los libros de autoayuda, es lo que creo (o lo que quiero creer).
Llevo ya tiempo intentando construirle a mi vida unos cimientos sólidos de sonrisas y emociones positivas… digo intentando… no lo consigo. Y no lo logro porque entre mis miserias está esa puñetera capacidad innata de verlo todo de color negro azabache, soy casi incapaz de ver la mitad medio llena del famoso vaso de las narices. Me esfuerzo, y aún así no lo consigo, quizás es que no le pongo suficiente empeño, quizás no supe leer entre líneas en tantas noches de lectura desesperada.
La cosa es que me he comprado una balanza. Cojo todos los momentos de mi vida, los buenos y los malos, y los intento medir a ver hacia donde se inclina el peso en cuestión. Resultado: o no sé valorar todo lo bueno que tengo (que es mucho, a eso llego), o realmente es que mi vida es una porquería y por más luz que me traiga el sol, siempre estaré rodeada de nubes negras y sogas en el cuello. Evidentemente, descarto el victimismo y me quedo con mi incapacidad de agradecimiento.
Tópico pero cierto, quién me va a querer si yo misma no me caigo bien. Quién me va a dar un voto de confianza si soy yo la que tiro para atrás mis proyectos antes incluso de empezarlos.
Y yo quiero cambiar, y sé que puedo cambiar, pero es que muy cómodo quedarme como estoy y no hacer absolutamente nada por darle calidad a mi existencia. Es mucho más fácil y menos engorroso acostarme a esperar un nuevo día que plantarme cara a mi misma y decir BASTA, DESPIERTA, LUCHA.
Y que más da, si total, yo soy así. Imán de oscuridad, ahuyentadora de triunfos, cobarde por naturaleza y transgresora de mi propia dignidad.
Debilidad. Ceguera. Inseguridad. Vagueza. Conformismo. Negación. Personalidad múltiple. Autodestrucción.
Estos son mis demonios. No hay falsa humildad. Dejo atrás hoy mis virtudes. Quiero hablar de mis defectos y darles nombre, puede que así ya sepa como luchar contra ellos.

Un ladrillito menos.



Carmen

Carta a mi pasado

3 bombillas encendidas  


Recupero este texto porque para mi es vital. Lo escribí hace unos tres meses y es imprescindible volver a publicarlo. Con él empezó mi antiguo blog y con él empieza el nuevo. Gracias por seguir conmigo.


No soy perfecta, no quiero serlo. Mi personalidad se ha forjado a hierro vivo según las vivencias de mi pasado. Errores he cometido muchos, ya no puedo subsanarlos, pero tampoco olvidarlos. No puedo, pero sobre todo, no debo. Ya no me queda más que aprender de ellos. Tampoco estoy falta de traumas involuntarios, pero bueno, y quién no… Soy lo que soy por lo que fui. Mis defectos se los debo a mi pasado, pero también mis virtudes.
Mi vida fue y sigue siendo un desastre; caótica e imprevisible, digna de un buen guión para Almodóvar. Es así, lo se. Y qué hago. Mejor lo cambio. Tengo los medios y me sé la teoría. Toca mover ficha, matemos a la reina.


Hace ya algún tiempo alguien me dijo que para seguir avanzando en mi vida era necesario y urgente que le escribiera una carta a mi pasado…
Alguien me dijo que para acabar con esa maldita ansiedad, tan innata en mí como el mismo aire que respiro, era fundamental que dijera adiós, que perdonara…que me perdonara…
Alguien me dijo que era vital, que era importante, que me iba a doler, MUCHO, pero que simplemente tenía que pasar por ello, que era preciso si quería continuar…

Hace ya algún tiempo de todo esto…
Jamás lo hice, jamás me atreví a afrontar ese reto, ese dolor…
No se puede despedir sin recordar…
Y aquí estoy yo, asustada, temblando, con los ojos rojos y un nudo en la garganta sabiendo que tengo que hacerlo, que debo enfrentarme a ello…
Estoy cansada, ya no puedo más, quiero avanzar…necesito avanzar…


CARTA A MI PASADO


Adiós
Simplemente adiós
Te dejo irte
Te devuelvo tus alas
Vete
Ya no puedes hacer nada más por mí
No nos necesitamos
A partir de ahora caminaré sola…por fin

Tantos años juntos
Tantos recuerdos
Tanto dolor
Tanta frustración
Tanto miedo
Tanto bloqueo
Tanta invalidez
Tanta impotencia

Y tú ahí
Fiel compañero
Hablándome
Susurrándome
Guiándome
Paciente y comprensivo
Persistente y tenaz
Leal y prudente

Y yo aquí
Ingrata compañera
Ignorándote
Jugando al escondite
Retorciéndome en el dolor y en la rabia
Ciega y sorda
Inmadura y hostil
Temeraria y provocadora

¿Tan difícil era verte?

Pido perdón
Te pido perdón

Perdón por no haberte escuchado
Perdón por no aceptar tu enseñanza
Perdón por aferrarme a mi inmadurez

Perdón por mi catastrofismo
Por conformarme
Perdón por mi placer de creerme una víctima
Por no asumir las consecuencias
Perdón por no responsabilizarme de mis actos
Perdón por no saber elegir

¿Tan difícil era oírte?

Perdóname por favor

Perdóname y gracias

Gracias por quedarte
hasta que te he visto
Gracias por no dejar de hablarme
hasta que te he comprendido

Gracias por hundirme
y por ayudarme a subir
Gracias por hacerme daño
Gracias por hacerme fuerte

Gracias por mi desconsuelo
Gracias por mi superación

¿Tan difícil era tu doctrina?

Todo ha sido necesario
Todas mis lágrimas vitales
Toda mi indiferencia precisa
Todo mi bloqueo certero

No hay luz sin oscuridad

Aprendí
Se acabó un ciclo
Abro ventanas
Que entre el sol

Adiós
Simplemente adiós
Te dejo irte
Te devuelvo tus alas
Vete
Ya no puedes hacer nada más por mí
No nos necesitamos
A partir de ahora caminaré sola…por fin

Me perdono…cómo no



Carmen